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ESCLAVOS DEL KAWAH IJEN
JAVA - INDONESIA

En la lejanía y bañados por una fina lluvia acompañada de niebla espesa, aparecen como fantasmas sus siluetas salidas del volcán. Atrás quedaron la inhalación de gases tóxicos provocados por las fumarolas de azufre. Han superado la mayor de las dificultades, la ascensión hasta el borde del cráter, 300 metros de desnivel demoledores e interminables. A partir de este punto, se suceden los tramos planos y en bajada donde aceleran el ritmo a pesar de llevar una carga sobre sus hombros de 70 kilogramos.

Al este de la isla indonesia de Java, en las fauces del volcán Kawah Ijen, se encuentra una de las pocas explotaciones mundiales de azufre donde se sigue trabajando de un modo manual y primitivo a base de esfuerzo humano. El método de extracción del mineral es básico y primario, pero funciona. Utilizando tramos de tubería de hierro a modo de oleoducto, transportan los gases desde el origen hasta la salida final rematada por un bidón como recipiente donde se va depositando el azufre en forma líquida. Abierto por los lados cae de forma fluida al suelo. Allí se solidifica rápidamente debido al efecto de la diferencia térmica. Es un sistema que no requiere mantenimiento, ni maquinaria para que funcione. La inversión es nula al igual que la ayuda que ofrece el gobierno indonesio a los trabajadores. Se trata de una explotación estatal. Las condiciones ya no de trabajo sino de vida son precarias y muy austeras. La infraestructura del campamento es mínima. Puro abandono. Hay 3 barracones. En uno de ellos duermen un par de funcionarios y en los otros dos, algunos de los mineros. Lo más parecido a una cama es un tablado de madera forrado de cartones mugrientos. El único combustible para poder calentar agua y comida lo sacan del bosque en forma de leña. El agua la recogen de la lluvia. Suministro eléctrico sería un milagro.

En Kawah Ijen no hay descanso. Se trabajan los 365 días del año ya que ellos viven y cobran al día. Entre tanta realidad desoladora destaca la belleza natural del entorno presidido por un lago color turquesa. A pesar de su aspecto bucólico, sus aguas están envenenadas de ácidos. Así es la realidad en Kawah Ijen: sacrificada y extenuante. Un trabajo insalubre, recio y hostil que les arranca sus propias vidas lentamente y en silencio a favor de la bronquitis crónica, el asma, y los problemas cardiovasculares.

Es el vía crucis del azufre.

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