El mundo de la minería en Potosí apenas ha evolucionado desde el punto de vista de las tecnologías porque no resulta rentable mientras exista mano de obra fácil y el coraje suficiente para adentrarse en los intestinos del Cerro Rico diariamente. Muchos mineros jóvenes provienen del campo y no tienen experiencia pero necesitan trabajar, por ello actualmente y desde el año 2020 se producen más accidentes mortales que hace años pero a nadie le conmueve. Algunos de los mineros que conocí en la mina Candelaria Baja por el año 2001 han fallecido por silicosis, Florentino Quispe y otros, pasando así a la estadística y confirmando la esperanza de vida entorno a los 45 años. La silicosis conocida como “ el mal de mina “ siempre está presente con el paso de los años. Se trata de una patología sin cura fruto de años de inhalación de partículas en suspensión dentro de los túneles y cavidades de las minas; son el alimento de sus pulmones durante sus jornadas de trabajo. Pienso que la mina genera un tipo de adicción entre ellos mismos. Es allí dentro, donde cada día cientos de mineros arriesgan sus vidas por obtener un salario superior al sueldo de un trabajador normal. Aunque puede que vayan más lejos del simple pero necesario dinero. Probablemente se reduce a una tradición, a una especie de casta llamada: mineros.