Sin duda alguna, Lalibela es para los cristianos ortodoxos etíopes el lugar sagrado por excelencia. Situada a una altitud de 2630 metros y rodeada de montañas, es conocida como “el Jerusalén negro“ o “la Petra de África“. Se trata de un conjunto de 11 iglesias construidas en el siglo XII con la particularidad de que fueron talladas y excavadas sobre la roca natural de origen volcánico. Todas ellas se encuentran unidas por pasillos, túneles, puertas creando un laberinto de caminos en busca del recogimiento y de la fe.
Cada año se celebran 3 grandes acontecimientos desde el punto de vista social, religioso y humano. Se trata de la Navidad etíope celebrada el 7 de enero, la Epifanía o Timkat rememorando el bautismo de Cristo en las aguas del Jordán el 19 de enero y finalmente la Pascua etíope. En todas ellas se produce un éxodo religioso de las gentes del campo, los peregrinos, que acompañados únicamente de sus túnicas se aventuran a caminar durante semanas desde sus aldeas. El estado físico en el que llegan en ocasiones es lamentable, pero lo más importante para ellos es llegar, respirar la atmósfera, tocar las paredes de las iglesias, besar las cruces, los muros y rezar frente a Bieta Maryam, una de las iglesias más veneradas. Además de los humildes peregrinos vienen fieles creyentes de todo el país creándose un gran bullicio en los días anteriores a las celebraciones. Lalibela se transforma. Además de Lalibela, dichas fechas mencionadas anteriormente son celebradas en otros puntos del país como su capital, Addis Ababa, Gondar y Aksum principalmente.
Alrededor de Lalibela existen otras iglesias y monasterios igualmente venerados y visitados mayoritariamente cuando se acercan las celebraciones. Hablamos de nombres conocidos por todos los habitantes locales como: el Monasterio de Asheten colgado en la montaña, la Iglesia de Gennete Maryam, la Iglesia de Yemrehanna Krestos metida dentro de una cueva de basalto y escondida tras un bosque de cedros. Lugares apartados, solitarios y reservados a los diáconos, los sacerdotes y novicios que estudian los textos escritos en lengua geez, un lenguaje lleno de simbología críptica y que tan solo se utiliza en las grandes ceremonias, totalmente ilegible para el resto de etíopes cuyo idioma natural es el ahmárico.