El Kumbh Mela en sánscrito significa “festival de la olla o vasija“. La mitología hindú dice que hace miles de años, dioses y demonios se disputaron dicha vasija cuyo contenido era el “néctar de la inmortalidad o amrita“. Aquella batalla celestial se prolongó durante 12 días, equivalentes a 12 años nuestros y en ella se derramaron gotas por cuatro enclaves sagrados, que son las actuales ciudades de Allahabad (rebautizada como Prayagraj por el actual primer ministro N.Modi), Haridwar, Ujjain y Nashik. Cada doce años se produce la peregrinación religiosa más numerosa del mundo. A ella acuden millones de devotos, penitentes, ermitaños, sadhus, yoguis y gurus de toda la India, así como hinduistas de todos los rincones del mundo. Además del Maha KM, existe el Ardh KM, que se celebra cada seis años y corresponde al festival de la media vasija marcando el punto medio del periodo.
Durante el año 2013 (Prayagraj), aconteció el último Maha Kumbh Mela al que acudieron 100 de millones de personas durante sus 44 días de duración. Las fechas del Kumbh Mela vienen determinadas según el calendario hindú y coinciden con el momento astrológico en el que el sol entra Aries y el planeta Júpiter entra en Acuario.
El epicentro del Kumbh Mela recibe el nombre de Sangam, y es el lugar sagrado donde confluyen los Ríos Yamuna, Ganges y el mítico pero invisible Saraswati (ciudad santa de Prayagraj). Allí es donde se realiza el ritual de inmersión y purificación de sus pecados. A lo largo de seis semanas llegarán millones de hindúes de todas las castas, estratos sociales y sectas. Viudas, estudiantes, hombres de negocios, agricultores del campo, comerciantes, todos ellos con un fin común. Sumergirse completamente en sus aguas les limpiará de pecados tanto a ellos como a sus ascendentes en 88 generaciones. Es una sanación.
Pero los auténticos protagonistas de semejante marea humana son los sadhus o ascetas hindúes. Simbolizan la cultura espiritual de la India. Hace tiempo que renunciaron a cualquier tipo de pertenencia material, que cortaron sus vínculos familiares para dedicarse a la meditación en completa austeridad. Los más radicales viven en lugares aislados como cuevas, bosques o cercanos a las montañas del Himalaya. Tienen la aprobación, admiración y el respeto del pueblo indio. Sobreviven de la caridad siendo común verlos pidiendo en casas o negocios. Dentro de su mundo pueden pertenecer a diferentes cofradías, sectas o akharas, dependiendo de su elección. A pesar de las diferencias, el objetivo final de un sadhu es llegar al estado de iluminación. Las jerarquías dentro de las órdenes están siempre bien marcadas desde la iniciación de los sadhus novicios o principiantes hasta los maestros o gurus.