Pocos países se sienten tan aferrados y cautivados por su capital como Argentina lo está por Buenos Aires. Situada en la planicie de la pampa y a orillas del Río de La Plata, tuvo su esplendor a partir de 1880 debido sobre todo a la exportación de carne a Europa. Muchos de los edificios coloniales hispánicos fueron derribados para plagiar la soñada imagen de París. Se vivían momentos de exceso, glamour y riqueza. Buenos Aires pasó a ser el epicentro de la moda, la cultura y las artes a nivel mundial. Entonces se produjo el éxodo italiano y español hacia tierras argentinas debido al hambre y a las guerras europeas. Los habitantes de BSAS son conocidos como “porteños“. Se dice que son creativos, seductores, urbanos, educados y muy melancólicos. Es una ciudad de ambientes, de color, de vida, de disfrutarla en la calle. Comer una buena parrilla de carne acompañada de vino tinto es una asignatura obligada para cualquier visitante.
Frente a la genialidad y humor porteño siempre presentes, tenemos en el tango su otra cara en forma de nostalgia, celos y soledad. Sus orígenes se remontan a los suburbios y burdeles de la zona portuaria. Era bailado entre hombres. Poco a poco se hizo popular en la clase obrera porteña, resultando vulgar y mal visto en las clases altas de la sociedad. Pronto llegó a Europa causando furor y conquistando los salones. Los franceses denominaron al tango como la esencia del estilo latino. En el año 1917 surgió uno de los grandes de la historia de la música llamado Carlos Gardel. Conocido como el Morocho del Abasto, su repentina muerte le convirtió rápidamente en mito.